¡Hola a todos y a todas!
Bienvenidos y bienvenidas una vez más al Blog Literario Más que Simples Libros. Hacemos un pequeñísimo cambio de horario excepcional por esta semana: adelantamos nuestra cita habitual del domingo a este sábado por la tarde a las 17h, ideal para acompañar el café o la merienda. Tras adentrarnos en la última entrega en la vida y obras del maestro del thriller vasco, Mikel Santiago, hoy cambiamos totalmente de tercio para sumergirnos total y absolutamente en nuestra querida sección de Curiosidades Literarias.
Detrás de las grandes obras de la literatura universal se esconden anécdotas extravagantes, manías insólitas de sus autores y autoras y misterios reales que superan cualquier ficción. Hoy he seleccionado dos historias realmente fascinantes que seguro cambiarán la forma en que ves algunos libros clásicos. ¡Prepara tu bebida favorita y acompáñame!
1. El misterio indescifrable del Manuscrito Voynich

Imagina un libro escrito en el siglo XV con un idioma o código completamente desconocido, repleto de ilustraciones de plantas fantásticas que no existen en la Tierra, diagramas astronómicos e imágenes desconcertantes. Se trata del Manuscrito Voynich, considerado por historiadores y lingüistas como el libro más misterioso del mundo.
Durante siglos, matemáticos, criptógrafos de la Segunda Guerra Mundial e, incluso, Inteligencias Artificiales modernas han intentado descifrar sus páginas sin éxito. Aunque existen hipótesis que van desde un tratado botánico medieval en un dialecto extinto hasta una elaborada estafa renacentista, su contenido sigue siendo un secreto guardado bajo llave.
2. Las manías cromáticas de Agatha Christie y Charles Dickens

Muchos escritores y escritoras han tenido rituales peculiares para atraer a la inspiración, pero el uso de los colores y la disposición del entorno de trabajo ha dejado anécdotas de lo más curiosas. Por ejemplo, Charles Dickens no podía concentrarse si sus figuras de adorno y objetos de escritorio no estaban colocados en un orden exacto y milimétrico; además, siempre escribía orientado hacia el norte.
Por su parte, autores como Agatha Christie o J.M. Barrie preferían la escritura impulsiva en lugares poco convencionales: la reina del crimen concibió gran parte de los asesinatos de sus novelas mientras se daba largos baños de espuma comiendo manzanas, usando la propia bañera para apoyar su máquina de escribir.
